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HISTORIAS SOLIDARIAS
Trabajan en equipo para
devolver la salud a los olvidados
Una red de médicos cumplió 13 años
Lunes 17 de septiembre
de 2007 | Publicado Información General - Edición
impresa
Noticias de Información general:
Hicieron que Merlina, Irma y Juan Carlos recuperaran algo
que creían perdido: la salud. Y mucho más. Gracias
a su intervención, recobraron la sonrisa.
Merlina, Irma y Juan Carlos son sólo tres del millón
de pacientes atendidos por los médicos de la Red Solidaria
de Profesionales de la Salud, que acaba de cumplir 13 años
de vida. Cuatro médicos la crearon en 1994 y hoy son
6200 los profesionales de todo el país que trabajan
con un objetivo común: humanizar la medicina y no hacer
una simple derivación de los pacientes, sino comprometerse
con sus historias.
Justo Carbajales es el coordinador de la Unidad Coronaria
del hospital Ramos Mejía y del Mater Dei; Gerardo Perazzo
es coordinador de urología del Vélez Sarsfield;
Mirta Takemoto es coordinadora de kinesiología de la
terapia intensiva del Argerich, y Miguel Angel Ciorciari es
médico geriatra del PAMI. En 1992, los cuatro empezaron
a reunirse. Los desvelaba el trato deshumanizado que recibían
los pacientes.
Los médicos empezaron a encontrar casos terribles,
personas que llegaban al consultorio con sus afecciones agravadas
por meses de espera. La crisis que estalló en el país
complicó mucho más las cosas. En los casos de
cáncer, por ejemplo, las patologías llegan con
un diagnóstico tan retrasado, que no arriban a la operación.
Se sabe: la burocracia del sistema de salud es muy poco solidaria
con los enfermos.
Los años pasaron, pero los principios que dieron origen
a la red siguen siendo los mismos: humanizar el tratamiento
y ayudarse entre colegas en la atención de pacientes
sin recursos; ocuparse del estado físico, psíquico,
espiritual y social de los enfermos; donar sus conocimientos
y la atención médica. En pocas palabras: una
mirada humana para encontrar entre varios una solución
para los que más sufren.
El modelo de la red ya se replicó en diez países
de América latina. Los profesionales permanecen en
la red muchos años. "No sólo no se van,
sino que contagian a otros", dice.
Recuperar la vocación
Están claros los beneficios que reciben los pacientes
que llegan a las manos de estos médicos, pero ¿qué
les queda a ellos de esta forma de trabajar? "Para mí
fue ser el médico que quería ser", confiesa
el cardiólogo. "Es sentir la vocación de
servicio que sentimos cuando elegimos esta profesión
y, a pesar del sistema, logramos trabajar con esta forma de
entender a la medicina", agrega el urólogo.
"No reemplazamos la función del Estado: somos
subsidiarios. Ya tuvimos un millón de consultas y hay
mucho por ayudar", lamenta el cardiólogo. Es que
ahora vuelven a ver casos críticos, como antes de la
crisis.
Cuando no encuentran respuestas en el sistema público,
piden ayuda al privado para que le donen los estudios que
necesitan para acelerar los tratamientos. Los gastos de la
oficina los financia el Departamento de Laicos de la Iglesia
Católica. Su teléfono es 4394-6170 y su página
web es www.redesdesalud.org.
Merlina Toledo tiene nueve meses y si hubiera esperado los
plazos que le dieron, probablemente su salud sería
otra. No estaría riéndose ni haciendo muecas
como ahora. Porque en estos meses, que se suponían
de espera, fue diagnosticada y operada de una grave dificultad
renal.
"Volví a vivir. Con ellos, sin dudas, volví
a respirar", dice Irma Tilliar, emocionada. Le habían
dicho que necesitaba un trasplante cardíaco o viviría
un año. Pero pasaron 11 y es una defensora a ultranza
de la red.
Juan Carlos Espeche Gil estuvo tres meses sin levantarse de
la cama, después de un infarto muy grave. "A mí
me sostuvo la red, mucho más allá de la salud",
cuenta, y se abraza otra vez con estos médicos que
crearon un sistema único que se preocupa por el otro.
Por Cynthia Palacios
De la Redacción de LA NACION
Fotos: Fernando Massobrio
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